¿Salmón o sardina?

Existen dos tipos de personas.

Tenemos a las tipo sardina, que nadan siguiendo la corriente en su confortable cardumen y luego están los salmones, conectados a su naturaleza, nacen y recorren un camino hacia el exterior, donde crecen y aprenden, para después acabar nadando a contracorriente una larga y dura travesía para así completar su propósito de vida.

El verano se marcha como cada año dejando a su paso una estela fresca de nuevos comienzos, metas, propósitos, ideas… Nos invaden las ganas de comernos el mundo y sumergirnos en la rutina. Pero muchas de estas propuestas de vida no llegarán ni a año nuevo. Es ahí dónde volveremos a inundar nuestra vida con esa ansia voraz de querer comernos el mundo bajo lemas del tipo «año nuevo, vida nueva», «ahora sí, esta es la buena». Te adelanto que esta historia terminará de la misma manera que la anterior, volverá el veranito y luego ya si eso, retomamos en septiembre.

¿Por qué la gran mayoría de estos intentos se quedan sin oxígeno antes de haber empezado a consumirlo?

Te lo voy a intentar responder suavemente.

Yo también era esa persona. Y si, claro que he conseguido cosas de las que me siento tremendamente orgullosa en mi vida pero el dilema entraba en juego cuando la cosa se empezaba a poner seria. Cuando aparecía alguna buena idea y antes de llevarla a término ya resonaban en mi cabeza o en bocas ajenas frases como «eso no lo vas a conseguir», «tu no podrás llegar hasta ahí», «mira de dónde vienes», y un largo etcétera del estilo.

Cuando vives preso del falso ahora, confundes vivir en el presente con la tiranía de la inmediatez.
Vives tan rápido, tan estresado, tan sumergido en el cardumen, tan automatizado que solo buscas la recompensa inmediata, el placer instantáneo, abaratando los costes del tiempo mientras a la vez te consumes en un canibalismo brutal del mismo. Mientras tanto, tu bien más preciado, la vida, se escapa en las sobras de tu agitada respiración mientras tu sigues persiguiendo esa idea de felicidad que te han vendido, pero que nunca llega.

Esto es el producto de no haberte parado a mirar nunca, impregnándote con falta de determinación, falta de coraje y valentía. Estás tan sumido en la inercia de la rueda, tan cansado que buscas el camino fácil mientras vas gastando los latidos de tu corazón. Pero oye, vas sin complicaciones. Sin esfuerzo. Te dejas llevar. Al final acabas haciendo lo que todo el cardumen ha normalizado y ha idealizado. Naces, creces, estudias para optar a un trabajo que no te disguste demasiado dónde a ser posible trabajes de lunes a viernes deseando que llegue el fin de semana para darte fuego, y ya el domingo de resaca, lo culminas con un éxtasis de placer instantáneo con comida basura y contenido rápido y vacío en formato de reels. El lunes vuelta a empezar como un autómata. Disfrutas tus vacaciones cuando toca. Pagas el crédito de tu coche, tu casa, tu nuevo sofá dónde pasas horas viendo series de Netflix o criticando a la vecina que ha dejado de fumar, beber y ahora entrena. Eliges el camino que te han echo creer que debes seguir. El aceptado socialmente.

Pero, ¿y si te dijera que la búsqueda de la felicidad es subiendo la enrevesada montaña en vez caminar por el apacible sendero?.

Solamente tienes el maravilloso regalo de ser, una vez. En cualquier momento podrías exhalar tu último aliento. ¿Vas a seguir repitiendo todos los días lo mismo, en vez de experimentar en cada respiración que estás vivo?. Recuerda de dónde vienes, cuando eras aquel intrépido espermatozoide y empieza a nadar contracorriente sin mirar atrás, busca darle el sentido a cada latido de tu corazón. Ten por seguro que en este camino vas a ser evaluado y criticado por el cardumen, pero no sucumbas a pensamientos del exterior, si te mantienes humilde y fiel a tu propio proyecto de vida encontrarás más salmones como tu.

Empieza por asumir que el universo no te debe nada y no te va a iluminar con tu propósito ideal, créalo. Ábrete a reaprender. Deja que la naturaleza te preste su conocimiento universal y que te libere de la visión túnel que llevas años cargando de las cavernas socialmente aceptadas.

Hoy, es el ahora.

Tener ideas es un acto de rebeldía, ser un salmón, también.

Y tú, ¿qué eres?


Deja un comentario